A veces una siente envidia de esos países del primer mundo. España, aunque no os lo creáis, no es ni mucho menos el primer mundo, es, por decirlo de forma suave, un mundo raro.
Países que antes de prohibir por decreto cualquier cosa que no se ve muy “decente” pero si inevitable, piensan las maneras en las que todos puedan estar contentos haciendo el menor daño posible a sus ciudadanos.
Un amigo viaja con su novia de Madrid hacia el norte, por la noche, tiene sueño conduciendo, necesita parar y descansar, su novia le aconseja que lo haga “y si paras en un descampado por ahí hacemos una cosita antes de dormir un rato”, mi amigo se sale de la autovía y efectivamente encuentra un descampado. Su novia le hace arrumacos mientras él intenta conciliar el sueño, ella tiene ganas de fiesta, él no demasiada, pero como dicen los viejos “comer y rascar… solo es empezar” en segundos él está preparado para lo que su novia requiere, las caricias van en aumento, la pasión se desata, él salta al asiento de ella, se pone debajo, ella encima, comienzan la fiesta que imaginais y de pronto… ¡un trompazo en el coche! ¡y otro! ¡y otro más! ¡otro más! él último es una piedra que golpea violentamente contra un vidrio del coche y lo astilla. Están los dos petrificados dentro del auto. El como puede logra subirse los pantalones y sale del vehículo con el candado del volante por toda arma (valiente fue un rato). No ve a nadie, a unos metros de donde tienen el descampado hay un muro alto, escucha ruidos tras él muro, pero sigue sin ver a nadie. El coche tiene varias abolladuras en diversas partes y un cristal astillado.
Buscan en ese pueblo el cuartel de la Guardia Civil, no hace falta, en una gasolinera están los guardias, les comentan el caso omitiendo la parte que a los guardias no les importa “mire usted, paramos a descansar un momento y nos pasó esto”. Los guardias explican: miren, no es la primera vez que sucede, ustedes pararon en la parte de atrás de un pequeño convento, en el convento hay un sacristán al que no le gusta que las parejitas hagan allí el amor y les tira piedras, ya lo han denunciado varias veces, lo de que tiran piedras, nunca pudimos hacer nada contra el sacristán porque nunca hay pruebas.
Mi amigo se marcha del pueblo, sin sexo y con un cabreo de mil demonios, ya se le quitó hasta el sueño de la mala leche que lleva.

Una amiga jovencita, entre ella y su novio lograron comprar un cochecito de segunda mano para cuando vivan juntos que esperan sea pronto, viven con sus padres aún, así que cuando quieren sexo buscan un lugar apartado y se apañan dentro del coche, y tan felices. Tan felices hasta el otro día, en el que estaban a lo suyo aquí en Madrid y de pronto se ven alumbrados por unas potentes linternas, susto, miedo ¡Ay que nos roban! ¡Ay que nos matan! ¡Ay que me violan!
No era nada, la policía, un coche de características similares había sido utilizado para un atraco en una tienda de esas de 24 horas, los policías buscaban a los autores del robo. Los hicieron vestirse, bajar del coche, registro del vehículo, cacheo, documentación y petición de datos, en fin, el trabajo que hacen los policías en estos casos, correctos ellos al terminar pidieron disculpas y uno hasta ofreció tabaco a la parejita, que fumó, y de paso charlaron unos minutos sobre lo mal que está la seguridad ciudadana. Eso si, muy amables y comprensivos los policías pero… el rato de sexo divertido y feliz se fue a tomar aire, mi amiga se asustó y a pesar de que él quería a ella ya no le hacía ilusión ¡jo! ¡es que es un corte de rollo que unos policías sepan que estás allí dale que te pego! normal.
Otra amiga hace ya tiempo lo pasó peor, estaba a lo suyo con su novio a las afueras de un polígono industrial y también aparecieron linternas, y gritos, y bajad del coche, sin miramientos, a él le dejaron los calzoncillos, ella aún tuvo suerte, le dejaron toda la ropa menos unas buenas botas, y es que claro, los atracadores eran chicos ¿para que iban a querer una minifalda y un top? De paso y ya puestos también se llevaron el coche y los móviles, hala, caminando ella, temblando de miedo, a buscar a unos policías que los auxiliasen, los policías no aparecían, pero apareció una prostituta a la que se atrevió a contarle el caso, ella le prestó el móvil y pudo así llamar a la policía, que cuando llegó encima los bronqueó ¡pero a quien se le ocurre! ¡hacer estas cosas en un coche y a las afueras! ¡con la de ladrones que hay! (¿y donde quieren ustedes que lo hagamos? -es para decirles- ¿frente al palacio real? ¿en la puerta de La Zarzuela?)
En fin, los acompañaron a la casa de él para que se vistiese de nuevo y después los llevaron a la comisaría a poner la denuncia, más que nada por si hacían alguna fechoría con el coche, porque hasta la fecha no aparecieron ni cacos ni coche ni nada.

En Zurich, allá en Suiza, las autoridades viendo estos y otros casos, acaban de autorizar la construcción en una zona de la ciudad de un aparcamiento, al parecer con cierta seguridad, que sirva para estos menesteres y hay a quien no le parece bien ¡como si fuese evitable que la gente termine echando un polvete en el coche o en cualquier otro lado! ¿no será mejor facilitar que se haga de forma más o menos segura y tranquila a tener que estar escribiendo denuncias y persiguiendo malhechores por estas causas? ¿sería mejor idea prohibir que la gente tuviese sexo en el coche? ¿lograrían que la gente no lo tuviese? no lo creo.

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